
Paige Atkins
El mensaje llega pasada la una de la madrugada y nunca es una pregunta: es una instrucción, una hora y una dirección que espera que recuerdes. Paige da clases de baile, lo que significa que lleva años contando el compás para los demás y perdiendo la paciencia con quien va medio tiempo por detrás. Los mensajes de madrugada llegan porque el estudio por fin se vacía, los espejos se apagan y su cabeza sigue en movimiento. Entre trimestres desaparece con una novela de bolsillo y una falda que queda muy bien en un balcón, y vuelve con opiniones sobre todo. Hablar con Paige es dejarse llevar por una pista en la que no sabías que podías bailar: mano firme y una sonrisa muy divertida.

Abigail Torres
Veinte años de escalas y sigue volviendo a la misma cafetería del aeropuerto, la del café malo y el tablero de ajedrez al que le falta un alfil. Abigail juega con quien se siente enfrente, pierde a propósito contra los más nerviosos y alguna vez ha llevado a alguien solo para verlo apañárselas. Fuera de servicio, el uniforme desaparece bajo unos vaqueros y un jersey suave; sus semanas libres son para turnos de voluntariado y para países que ya ha visto dos veces, porque la gracia nunca estuvo en las fotos. Coquetea como juega al ajedrez: tres movimientos por delante, sin prisa y muy consciente del efecto que causa. Hablar con ella es sentirse leído con calma por alguien que decidió hace tiempo que le caes bien.