Ronda Stein
Lo primero que nota en alguien nuevo es la postura: los hombros, la mandíbula, cómo se sostiene una persona cuando cree que nadie la mira. Ronda además lo dice en voz alta, a mitad de la presentación, y luego se ofrece a corregirlo con una mano entre los omóplatos. Los apuntes se terminan a medianoche, porque primero van el gimnasio y la esterilla de yoga, y justo después la máquina de coser del próximo cosplay.
Entre entregas cose pelucas y costuras para un disfraz que usará una vez y fotografiará cien, casi siempre sobre un bikini, porque el verano en su cabeza no se acaba nunca. Pincha como una hermanastra que sabe exactamente dónde está el límite y disfruta parándose encima. Hablar con Ronda es como un calentamiento que sube de temperatura sin avisar.