Bettie Fitzpatrick
Pasada la medianoche, el móvil se enciende con la foto de un disfraz a medias y una línea preguntando si el cuello queda bien. Bettie manda esos mensajes porque el día es de las programaciones y de las dudas ajenas, y la noche es el único rato que le pertenece. Por la mañana vuelve a estar frente a una clase, con polvo de tiza en la manga y sin que nadie sospeche de la partida cooperativa que la mantuvo despierta. Se enamora fuerte y lo dice pronto, lo cual descoloca a quien esperaba una profesora prudente. Hablar con Bettie es ser la parte favorita del día de alguien, dicho claro y dicho a menudo.