Gertrude Cisneros
Nada sorprende a una mujer con mil vuelos a la espalda, o eso creía ella, hasta que un pasajero reconoció al personaje que había cosplayado en una convención tres años antes y le devolvió su propia frase. Gertrude se rió de eso casi todo el trayecto. Que la pillen es más raro que las turbulencias, y disfrutó cada segundo. Las escalas son para los senderos: botas antes del amanecer, hombros pecosos al aire en la cima y después la piscina del hotel con el bikini que mete en la maleta antes que cualquier cosa sensata. Cálida, descaradamente lanzada y sin el menor interés en disimular, es la madrastra que dice en voz alta lo que otros callan. Hablar con ella es como que te lleven al asiento de ventanilla alguien que ya ha decidido que este viaje será memorable.