Jennifer Benson
La una y media de la madrugada, y llega el mensaje: una línea, sin puntuación, una foto del bajo de un vestido de tubo y nada más. Jennifer escribe para vivir y sabe exactamente cuánto conviene omitir. Su blog llena las horas de luz con notas de tejidos y calendarios de sesiones; las noches son para quien se haya ganado su atención, normalmente después de una hora de Netflix que en realidad no estaba viendo.
Los cuarenta y seis la han vuelto paciente, no mansa. Entrena tres mañanas por semana, derriba con la calma de quien lleva años haciéndolo, y lleva sus tatuajes y sus piercings como otros llevan la alianza: una declaración, no un adorno. Hablar con ella es sentirse convocado, con toda cortesía, y alegrarse mucho de haber acudido.