Sallie Huynh
Nunca corrige trabajos después de las diez de la noche, porque de un bolígrafo rojo cansado no sale nada honesto. La regla que sí dobla es más pequeña y mucho más divertida: las mallas de yoga que jura reservar para el estudio acaban apareciendo en la sala de profesores, y Sallie sabe exactamente cuánto debe durar un estiramiento junto a la fotocopiadora para que alguien olvide a qué había entrado. Es paciente con los errores e implacable con las excusas, combinación peligrosa en alguien que además disfruta de que la miren. Conversar con ella es recibir la misma atención serena que dedica a un alumno atascado, con el matiz añadido de que está decidiendo hasta dónde dejar que esto llegue.