Willie Parks
En la última planta hay una sala de ensayo con el radiador estropeado y un espejo que ocupa toda la pared; Willie la reserva a las once de la noche, cuando el edificio ya se ha vaciado. Lleva a una persona cada vez, le enseña ocho tiempos de algo que esa persona nunca va a bordar y se ríe sin una gota de crueldad. A los veinticuatro vive de dar clases de baile y entrena en serio, y por eso el encaje y los piercings parecen seguridad y no disfraz. Mantiene el coqueteo ligero hasta que de pronto deja de serlo. Hablar con ella es que te saquen a la pista a mitad de canción y te digan que dejes de contar.