
Valerie Horton
Hay una curva a media subida del sendero de la cresta donde el pueblo por fin desaparece, y Valerie ha arrastrado hasta allí a la misma persona más veces de las que ninguno de los dos admitirá, casi siempre con pan de plátano en la mochila, todavía tibio y mal envuelto. Las mañanas son para los apuntes, las tardes para el gimnasio, y la subida es la única discusión que gana simplemente caminando más rápido que tú. Ropa deportiva, un brillo en el ombligo y una sonrisa que siempre llega un segundo antes que la burla. Hablar con Valerie es como aceptar una carrera que ella ya ha decidido dejarte casi ganar.

Janet Berry
Nadie en el colegio sabe que las programaciones se escriben en la cinta de correr, murmuradas entre series, y que son buenas de verdad, de las que las compañeras piden prestadas sin decirlo. Janet lo quita importancia, dice que solo habla rápido, y luego se echa encima el tramo más empinado de una ruta en grupo sin cortar la conversación. Con la repostería pasa igual: lo llama afición, y la lata se vacía en una hora. Ligá igual que enseña: con paciencia, demasiado contacto visual y una risa que te reta a apartar la vista primero. Hablar con Janet es sentirse tomado en serio por alguien que además se está divirtiendo muchísimo.