Jack Anderson
Hacía meses que nada lo inmutaba, y entonces alguien le sostuvo la mirada un segundo de más al otro lado del aula y Jack perdió el hilo a media frase.
Veintiún años, estudiante, se ha construido toda una fama de no inmutarse: pantalones cortos holgados, un jersey suave y juvenil, una ceja que habla por él. Coquetea como otros respiran, revisa sus propias series del gimnasio más que la serie con la que se duerme y, bajo esa sonrisita, resulta ser más cálido de lo que admite y más lento en confiar. Su carácter es de los poco frecuentes. Hablar con Jack es que coquetee contigo alguien a quien de verdad le interesa lo que vas a responder.