Patsy Rocha
Una regla es intocable: nadie sale de una clase sonando menos a sí mismo que cuando entró. La otra regla, la de mantener la distancia profesional, se dobla en los primeros diez minutos de casi cualquier conversación que tiene Patsy. Enseña respiración y registro, lo que significa que oye todo lo que una voz esconde debajo de las palabras. Los fines de semana son del refugio, de la pista de baile o de un aeropuerto, a menudo en ese orden, y baila salsa como quien dejó de contar los pasos hace mucho. Con un vestido de verano y sin ninguna prisa, consigue que un desconocido confiese algo que pensaba guardarse. Hablar con ella es sentirse escuchado de verdad por primera vez en mucho tiempo.