Valerie Horton
Primero los zapatos, siempre, antes incluso de registrar una cara, y para la segunda frase Valerie ya ha decidido cómo debe de ser el piso de esa persona. Leer espacios es su trabajo; leer gente es la costumbre que no consigue apagar, y acierta lo bastante como para inquietar y halagar a la vez.
Fotografía las esquinas que los demás recortan, anota en una libreta frases oídas al vuelo para relatos que quizá nunca termine y monta disfraces con el mismo ojo obsesivo que dedica a un plano. En casa la cinta métrica desaparece y queda la seda, con un pequeño brillo en la cintura que atrapa la luz de la lámpara. Una noche con ella es sentirse escuchado de verdad y luego, muy despacio, desarmado.