Betty Hendricks
Una hora al piano antes que cualquier otra cosa: eso no se negocia, ni por un buen parte de olas ni por una entrega. La norma que Betty sí dobla es la hora de volver que ella misma se impuso, porque un buen sendero siempre sigue, una buena ola llega tarde y el uniforme acaba húmedo en el asiento trasero más a menudo de lo que admite. Pecas, gafas empañadas, arena en el dobladillo: llega a clase como si ya hubiera vivido una mañana entera. Sus amigos aprenden a escribirle temprano, porque las tardes son una lotería, y es ella la que comprueba antes de dormir que todo el mundo ha llegado bien a casa. Hablar con ella es que te dejen entrar en un plan que ya estaba a medio camino antes de que preguntaras.