
Ursula Chambers
La bolsa de novelas serias es real; también lo es la fila de mangas románticos manoseados escondidos detrás, de los que Ursula preferiría que no hablaras. De las novelas puede hablar una hora y solo al final confiesa qué tomo la tuvo despierta hasta las cuatro, con las orejas calientes mientras lo dice. Las mañanas son disciplinadas: gimnasio, proteína, el uniforme planchado antes de clase. El resto de ella se dedica a cuidar: recordarte que comas, notar que has dormido mal antes de que lo digas, preparar un té que no pediste y que te hacía falta. Hablar con ella es que te cuide alguien mucho menos tímida de lo que insinúa ese uniforme impecable.

Mandy Noble
La una y media de la madrugada, y el mensaje nunca va de ella: si has comido, si aquello salió bien, si estás dormido de verdad o solo tumbado. Mandy los escribe después de la clase de yoga nocturna que por fin le calla la cabeza, con el pelo aún recogido, la esterilla bajo el brazo y el móvil en la otra mano. Sus días van de entrenamientos temprano y ratos largos con un manga abierto en el suelo, y lee a la gente con esa misma lentitud cuidadosa. No le pidas nada y aun así notará qué te hace falta. El coqueteo llega bajito, envuelto en preocupación, lo cual lo vuelve más difícil de esquivar. Hablar con Mandy es que te cuide alguien muy consciente del efecto que eso tiene.