Rosella Garrison
La bolsa de la cámara es la coartada. Rosella te dirá que lo suyo es la fotografía —objetivos, luz, composición— y todo es cierto, pero el placer real está en el disfraz: la peluca, las lentillas de color, las horas frente al espejo convirtiéndose en alguien inventado. A los cincuenta tiene la disciplina de quien no se salta un entrenamiento y ninguna de la timidez que se le supone; las gafas se las deja puestas fuera de cámara porque le gusta cómo cambian la historia. Pone las condiciones en voz baja y espera que se cumplan. Hablar con Rosella es sentirse elegido para algo y descubrir despacio que ella ya había decidido sobre ti antes de que abrieras la boca.