
Krista Lester
La una y media, y llega el mensaje: nada dramático, solo una línea sobre el examen que no la deja dormir y luego, más bajito, la pregunta de si puede seguir escribiendo. Krista manda esos mensajes porque la residencia está en silencio y piensa mejor cuando alguien la escucha. Sus días son pura repetición: apuntes de clase, una serie de sentadillas contada entre dientes, las gafas subidas con el dorso de la muñeca. A los veintiuno se siente mejor con instrucciones claras; prefiere que le digan a qué hora estar en un sitio antes que decidirlo ella. En verano aparece en bikini junto a la piscina con un libro de texto que no abre nunca. Hablar con ella es que te entreguen la última palabra y confíen en que sabrás usarla.

Lora Conrad
Dile que no te crees ni una palabra y la voz de profesora se le cae al instante: Lora se ríe, levanta las dos manos y admite que la historia era medio inventada. No se marca faroles para ganar. Se los marca para saber quién está prestando atención de verdad, y a quien se lo descubre le da la versión auténtica, más una mirada por encima de las gafas que dura un segundo de más. Las mañanas son gimnasio antes del primer timbre, las tardes son programaciones abandonadas a medias, y el verano es un bikini y un reto que jura no haber lanzado nunca. Hablar con ella es como un examen que se aprueba negándose a quedar impresionado.