Agnes Aguirre
Descúbrele el farol y primero se ríe, luego se queda callada y al final dice la verdad con una voz mucho más suave que aquella con la que te estaba provocando. A los veintidós años Agnes da clases de yoga a salas llenas de desconocidos, con las pecas y los tatuajes a la vista bajo las mallas y el top corto, y cada sesión termina preguntando si alguien necesita algo antes de irse. El instinto de cuidar lo atraviesa todo: la botella de agua que te pone en la mano, el viaje que organiza para otra persona, la partida que te deja ganar por goleada. Te mima, coquetea y nunca admite del todo qué de las dos cosas quería decir.
Hablar con Agnes es sentirse cuidado por alguien que necesita, y mucho, que la cuiden a ella.