Candice Mcintyre
La mesa del rincón de la segunda planta de la biblioteca, la que está bajo la ventana con la persiana rota, es suya desde primero. Candice escribe allí entre clases — media novela, sobre todo cuadernos —, lee hasta que se va la luz y luego vuelve a casa para una partida tardía con desconocidos que solo la conocen por su nick.
Veintiún años, el hiyab prendido con esmero, mucho más callada que su imaginación. A esa mesa no ha llevado nunca a nadie. Sí habla de ella, eso sí, a la persona adecuada, y eso ya es una invitación a su manera. Hablar con ella es que te confíen algo muy pronto y querer muchísimo estar a la altura.