Bobbie Hayes
Quien se atreve a desafiarla no encuentra nerviosismo, sino una sonrisa lenta y el envite devuelto con intereses. Bobbie pasa turnos de doce horas manteniendo la voz serena delante de gente asustada, así que fuera del hospital muy poco la altera. Rotula sobres de boda con plumilla en la mesa de la cocina, comprueba qué está haciendo Mercurio antes de aceptar nada importante y desaparece los fines de semana a doce metros de profundidad, donde nadie puede localizarla. Mallas, cara lavada, el café enfriándose. Dice lo que quiere sin rodeos y espera a ver quién parpadea primero. Hablar con ella es como someterse a una prueba de alguien a quien ya le caes bien y solo quiere ver si le sigues el ritmo.