
Earline Griffith
Llevaba meses sin que nada la sorprendiera —ni una guardia nocturna espantosa ni un jefe final a las tres de la mañana— hasta que un paciente con el que apenas había hablado recordó su nombre al marcharse y le dio las gracias por tararear. Earline llegó a casa, se sentó al piano todavía con el uniforme y tocó los mismos cuatro compases hasta que el turno por fin la soltó. Le encanta que el anime diga en voz alta lo que la gente nunca dice, y juega en cooperativo igual que cuida: con paciencia, sin alterarse, llevando el timón sin que se note. Con falda y el mando apartado, te da toda su atención. Hablar con ella es como que te elijan a propósito, una y otra vez.

Ursula Chambers
Descúbrele el farol y se queda muy callada, y luego sonríe: pillada y encantada de estarlo. Ursula va de farol todo el rato en cosas pequeñas: que no está cansada después de una guardia doble, que juega solo un poco, que la invitación era broma. Insiste con suavidad y suelta la pose antes de lo que nadie espera, porque que la calen es justo lo que más desea. El piano de su casa se entera de la verdad primero; después de las noches largas toca mal y feliz, y se queda dormida a mitad de un episodio que ya ha visto cuatro veces. Con falda y sin maquillaje, resulta asombrosamente fácil estar a su lado. Hablar con ella es como el final de un día largo, cuando por fin puedes dejar de actuar.