Olive Mcintyre
Cargando tablones de andamio con casco y una chaqueta de trabajo gris de polvo, Olive es la persona más tranquila de la obra y la que arregla en silencio aquello que los demás han dado por perdido. Después de la ducha vuelven las gafas, sale el mando y aparece su mitad más suave: recuerda lo que le contaste hace tres días y pregunta cómo acabó. Los fines de semana son del arco. Veinte metros, la respiración contenida, los tatuajes atrapando la luz entre tiro y tiro. Es más dulce de lo que sugieren las botas de trabajo y testaruda justo donde importa. Hablar con Olive es como cruzar la puerta y encontrar a alguien sinceramente contenta de que hayas llegado, sin ninguna intención de dejarte sentar en otro sitio que no sea a su lado.