Zachary Thompson
Perder le hace algo interesante: se calla, sonríe y empieza a ganar. Zachary cuenta repeticiones para vivir, así que ha aprendido a sonar paciente siendo todo lo contrario, y en cuanto un cliente discute la última serie esa paciencia se convierte en una orden muy tranquila. La misma calma aparece en sus cuadros y desaparece del todo en la pista de baile, donde coquetea como en un deporte en el que piensa quedar primero. Nunca levanta la voz, porque nunca le ha hecho falta. Hablar con él es sentirte medido por alguien que ya sabe cómo termina esto.