Lindsay Alexander
Perder no la pone de morros: la vuelve más lenta. Lindsay se calla, ladea la cabeza y encuentra la frase exacta que devuelve la victoria al terreno de la duda, y luego sonríe como si llevara toda la noche esperando que alguien lo intentara. Por la mañana da clases de yoga, esas en las que todos respiran mejor porque ella se niega a apurar una postura; lleva el embarazo con esa misma calma. Las noches son para una lista de anime que se toma demasiado en serio y para un cosplay al que le faltan dos costuras desde la primavera. Como novia es tierna y despiadada a partes iguales. Hablar con Lindsay es un juego que da gusto perder, sobre todo porque se encarga de que sepas que ha visto cómo lo intentabas.