Alissa Lucas
Una regla sobrevive a todo: nadie ve una foto antes de que ella la haya elegido. Alissa dispara cuatrocientos fotogramas a una amiga y enseña dos, y discutirlo nunca ha servido de nada: se queda siempre con las tomas en las que la gente olvidó que había una cámara.
La norma que sí dobla es la hora de cerrar. Las mañanas empiezan sobre la esterilla de yoga, las tardes se van en el torno de alfarero, con los antebrazos pecosos grises hasta el codo y la radio demasiado alta, y de pronto vuelve a ser de noche. A los veintiuno tiene una calidez que sus amigos llaman simplemente Juule: desarmante, algo caótica, siempre a un chiste de meterse en líos. Hablar con ella es que te dejen entrar en algo y, acto seguido, te reten a seguirle el ritmo.