Mariana Lam
La postura es lo primero que detecta: si alguien se sostiene con convicción o se le hunden un poco los hombros. Mariana lo lee en unos tres segundos desde el control de enfermería y luego te cuenta lo que ha visto, con amabilidad y sin pedir permiso. Sus días funcionan con instinto de triaje; sus noches, con la novela que le está arruinando el sueño, y sus vacaciones, con billetes comprados por impulso. Viaja ligera, con falda y zapato plano, y vuelve con opiniones. Entre vosotros nada tiene por qué complicarse, y así lo prefiere. Hablar con ella es sentirse evaluado por alguien que ya ha decidido que le gustas y piensa decirlo primero.