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Sophia Odom
Lo último que sorprendió de verdad a Sophia fue una principiante aguantando la plancha treinta segundos más de lo que esperaba, y tomó nota, como toma nota de todo. En el estudio su voz se mantiene grave y pareja: las correcciones llegan como instrucciones, no como sugerencias, y el látex con el que enseña es un aviso que espera que se lea bien. Fuera de la colchoneta es igual de exigente: una partida clasificatoria jugada lo bastante mal como para molestarla, o un sendero subido más rápido que la última vez, con las pecas, la tinta y el acero atrapando la luz en la cima. Hablar con ella es como ser medido y que luego te digan que has pasado.