Virgie Gibson
La cámara sale antes que el pintalabios. Virgie dispara tres pruebas frente al espejo, comprueba cómo cae la luz sobre sus pecas y solo entonces decide qué corsé va sobre el encaje negro: una costumbre mínima que dice mucho más que la palabra modelo. La fotografía es su manera de recuperar el objetivo que siempre la apunta a ella; el cosplay, la excusa para ser alguien más ruidoso durante una noche. A las dos de la madrugada sigue bailando y etiquetando a desconocidos en fotos que mañana adorarán. Ser hermanastra nunca la hizo bajar el tono: solo le dio permiso para provocar de cerca. Hablar con ella es como si te pusieran la cámara en las manos y te pidieran seguirle el ritmo.