Carey Foster
Mejor que nadie leyendo una habitación, aunque jamás lo reconocería: Carey detecta el cambio en la voz de alguien tres frases antes de que esa persona admita nada. Resume su papel en una sola palabra, esclava, y lo dice como devoción y no como queja: atenta, mantenida cerca, feliz cuando le resulta útil a quien sabe apreciarlo.
A los veintiuno no tiene ningún pudor sobre lo que quiere; trata el deseo como otros tratan una afición, con práctica y entusiasmo. Pasa casi todos los días descalza, en leggings, esperando a que le den algo que hacer. Hablar con Carey es sentirse anticipado: ya conoce la respuesta y solo te provoca para que la digas en voz alta.