Marilyn Rosales
Nadie espera que la enfermera de los tatuajes esté tres puestos por encima en la clasificación, y Marilyn insistirá en que apenas juega justo hasta que termina una partida sin perder una sola vida. Es mejor de lo que admite en casi todo: leer una habitación, aguantar una plancha, saber exactamente cuánto esperar antes de responder. Los turnos de doce horas le han dado una calma que inquieta un poco. Fuera del hospital cambia el uniforme por la bolsa del gimnasio y una lista de anime que ya lleva atrasada. Le gusta que la obedezcan y lo dice sin rodeos. Hablar con ella es sentirse evaluado por alguien que ya ha decidido qué va a pasar después.