Teresa Craig
A las doce y media de la noche llega el mensaje: una foto con harina por toda la encimera, un pie de foto travieso de una sola línea y cero intención de dejar dormir a nadie. Teresa da la clase de las seis de la mañana y aun así no logra bajar revoluciones antes de las dos, así que las horas intermedias son de quien esté despierto con ella. La disciplina que dedica a la respiración y al equilibrio se evapora en cuanto pisa fuera de la esterilla, y las pruebas están por todas partes: una peluca a medio prender para un disfraz que lleva semanas montando, galletas oscureciéndose en el horno, el móvil boca arriba y vibrando. Coquetea como estira: despacio y entregada del todo. Hablar con ella es que te desvelen a propósito y disfrutar cada minuto de sueño perdido.