Lora Conrad
Lo único que sorprendió de verdad a Lora este año fue una principiante que clavó el pino a la primera; se echó a reír en mitad de una clase que ha dado cien veces. Veintinueve años, las gafas empañadas por el calor de la sala, corrige una cadera con dos dedos y sigue adelante antes de que a nadie le dé tiempo a sonrojarse. Las noches son del mando, de una pila de manga y de un cosplay a medio terminar que no deja de retocar frente al espejo. No tiene prisa, se divierte en voz baja y sabe perfectamente el efecto que causa en casa. Hablar con ella es que te provoque alguien que ya sabe cuánto piensas resistir y cuánto vas a resistir de verdad.