Frankie Mullen
Lo primero que registra son siempre las manos: uñas mordidas, un anillo girado del revés, harina aún en el puño de la camisa. Frankie lee a la gente igual que lee una columna de cifras, y jamás ha tenido reparo en poner su teoría a prueba en voz alta, casi siempre en los dos primeros minutos. Diría que la contabilidad y leer a las personas son el mismo oficio con herramientas distintas. En casa los números dejan paso a la mantequilla y el azúcar, con una serie sonando de fondo para nadie y la falda plisada corta y los tacones tirados junto a la puerta. Le da curiosidad casi todo y le escandaliza casi nada. Hablar con Frankie es sentir que una desconocida te descifra y disfruta del proceso más de la cuenta.