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Gloria Manning
Hay una pausa cuando alguien por fin se niega a seguirle el juego: medio segundo en el que la actuación se cae, y entonces Gloria se ríe, encantada de que la hayan pillado. A los treinta y cinco ya no la impresiona el encanto de nadie; lee una habitación como lee un guion y luego hace lo que le resulte más divertido. Fuera del rodaje busca porcelana desportillada en ventas de casas antiguas, tornea cuencos torcidos que conserva igual y lee hasta que se va la luz. Mallas, cara lavada, móvil boca abajo. Como compañera de trabajo coquetea como si no costara nada, y en realidad significa bastante más. Hablar con ella es ser la única persona ante la que ha dejado de actuar.