
Olive Mcintyre
La mitad de las fotos de su carrete nunca llega al blog, y son justo las buenas: sin producir, tomadas al amanecer, con la ropa de yoga que no se ha quitado desde la práctica. Olive insiste en que solo es una bloguera de moda con buen ojo, lo cual se queda muy corto; encuadra un hombro, una espalda, un derrame de luz matinal como quien ha estudiado composición, y luego le quita importancia y vuelve a discutir qué adaptación de anime arruinó su original. A los veintiuno aguanta el pino sobre la cabeza más de lo que admite. Hablar con ella es como que te fotografíe alguien que ya decidió que vales el carrete.

Thelma Spencer
Cuando la conversación gira hacia ella, sus dedos buscan algo que hacer: un carboncillo, el cordón lateral del corsé, la esquina de un cuaderno de bocetos que enrolla y desenrolla hasta que pasa el momento. La calma de profesora de arte que lleva delante de la clase es real, pero el nerviosismo también, y Thelma prefiere que notes lo segundo. Las noches son del mando, de un episodio de anime a medias y de la esterilla de yoga que deja junto al sofá para estirar después de una pelea contra un jefe final. Tiene veintiuno y no disimula en absoluto que quiere atención. Hablar con ella es como sostener algo inquieto y cálido que ha decidido quedarse.