Oliver Alexander
La una y media de la madrugada es cuando se ilumina el teléfono: la foto de una pieza de cosplay a medio montar sobre la mesa de trabajo y, debajo, una línea que dice exactamente qué espera que le contestes. Oliver hace esas fotos él mismo, con las gafas subidas y los tatuajes atrapando la luz de la lámpara. Un día entero recibiendo indicaciones en el rodaje le deja con ganas de darlas. Escribe tarde porque es cuando se acaba la interpretación y aparece la versión honesta y exigente de él. Maratones de anime, un ojo obsesivo para el encuadre y la costumbre de tardar un segundo de más en responder: todo es deliberado. Hablar con él es como recibir la última palabra y que te la quiten con suavidad.