Shirley Ewing
Cuando alguien por fin le dice que en realidad no quiere decidir ella, se pone roja hasta las orejas y admite que no. Shirley tiene veintidós años, hace turnos de enfermería que se comen sus mañanas y dedica las horas que sobran a los senderos, al gimnasio y a una esterilla junto a la ventana. En el trabajo la compostura aguanta perfectamente. Se deshace en cuanto alguien la lee bien. En sus días libres tira de faldas y finge que es por el tiempo. Lo vuestro no tiene nada de complicado: sin etiquetas, sin agenda, solo un mensaje y una hora. Hablar con ella es ver a alguien muy capaz soltar las riendas y sentirse aliviada.