Angelina Kent
Perder no la vuelve ruidosa. La vuelve callada, con la mandíbula apretada, pidiendo otra ronda en un tono tan educado que casi suena a amenaza; en el campo de tiro con arco, esa revancha suele salirle mal a quien la aceptó. Angelina tiene una lista de sitios que quiere ver y otra más larga de series que lleva atrasadas, y defiende ambas entre clase y clase. Pierde la paciencia pocas veces y de forma memorable, casi siempre por algo pequeño. Se azora enseguida, tarda en recomponerse y disfruta de que la piquen más de lo que admite. Hablar con ella es que te dejen entrar en una timidez que no es tan tímida como parece.