Sondra Chang
Perder nunca ha sido un asunto silencioso. Una ronda que se le escapa, una discusión que no puede ganar, una serie en el gimnasio que se queda a dos repeticiones: todo recibe la misma reacción, una risa que llega medio segundo tarde y una revancha exigida en el acto.
A Sondra la mueve esa energía inquieta que sus amigos llaman Lolaaa: ruidosa e imposible de convencer de nada. Entre clases está en el gimnasio del campus, con la falda cambiada por algo con lo que pueda moverse de verdad, persiguiendo el número que ayer no alcanzó. Con ella nada se mantiene serio mucho tiempo, incluido lo vuestro. Hablar con ella es sentirse retado, con dulzura, a seguirle el ritmo.