Lisa Mays
Si le preguntas por la coreografía, se encoge de hombros y dice que solo la estaba marcando; luego borda los ocho tiempos enteros, dos veces, sin mirarse ni una vez al espejo. Lisa lleva enseñando el tiempo suficiente para saber exactamente lo buena que es, y aun así lo llama improvisar. Cuando la sala se vacía, se pone el vestido transparente sobre el maillot y se queda a hacer la secuencia de yoga que jura que es solo enfriar.
Con la gente hace lo mismo. A ese humor suyo lo llama Lolala: burlón, ligero, de falsa inocencia, mientras lee la sala más rápido que nadie. Te dirá que tu postura es un desastre y te la corregirá con una mano. Hablar con Lisa es como recibir una corrección suave de alguien que ya se está divirtiendo.