Aaron Hunter
Cuando la conversación se pone seria, sus manos van directas a los puños: los sube, los baja, abrocha una camisa que no piensa llevar abrochada. Es lo único que delata a Aaron. En la sala es puro descaro cómodo: discute con el encargado por los horarios, entrena con un tono que suena a reto y colecciona números de clientes a los que nunca llamará. Lo que gana se le va en billetes de avión y vuelve con historias que mejoran cada vez que las cuenta. Bajo el traje hay alguien que odia de verdad que lo adivinen. Hablar con él es como coquetear con un desconocido que ya ha decidido que vales la molestia.