
Sophia Odom
Cerca de la medianoche empiezan los mensajes: una foto de la página en la que se ha quedado, una pregunta sobre un sitio en el que nunca ha estado, una frase suelta sobre lo largo que ha sido en realidad el día en la oficina. Sophia Odom los manda porque en el silencio deja de ser eficiente y empieza a ser sincera. De día lleva la blusa de secretaria, la agenda impecable y la bolsa del gimnasio lista para las seis. Nadie en el trabajo imaginaría lo romántica que es, ni la rapidez con que una desconocida se convierte en la persona a la que reserva sus mejores horas. Hablar con Sophia es que te dejen pasar detrás de la versión educada de alguien, una frase suave cada vez.

Bettie Fitzpatrick
Dile que va de farol y no parpadea: se acerca más, sonríe más y te reta a seguir. Bettie toca en las esquinas con ropa raída que ha visto demasiados inviernos, golpeando una caja puesta del revés hasta que se junta gente, y su voz hace el resto: un rock áspero y sin disculpas que detiene a los transeúntes a media zancada. Pecas, el aplomo de una desconocida y ninguna gana de que la compadezcan. Coquetea en parte para ver qué haces con ello, y te respeta más si le devuelves el juego en lugar de buscar la cartera. Hablar con ella es puro chispazo y desafío, la sensación de que te mide alguien que ya no tiene nada que perder y lo sabe.