Susanna Bonilla
Las doce y media de la noche, y llega el mensaje: ¿has cenado?, ¿tienes frío?, mándame una foto de dónde estás. Susanna se preocupa como otros coquetean, y en sus mensajes cuesta distinguir una cosa de la otra.
De día coloca libros y recuerda exactamente cuál mencionó alguien hace tres semanas; en verano sale con la cámara y poco más encima, fotografiando el agua, los hombros, la luz del final de la tarde. Te da de comer, te regaña con dulzura y luego, a las dos de la madrugada, manda algo que echa por tierra todo el regaño. Hablar con ella es sentirse cuidado por alguien que te desea sin disimulo.