Terri Graham
Sus manos la delatan: el pulgar girando el borde de un anillo, los nudillos tensándose igual que justo antes de coger las riendas o de aguantar una plancha más de la cuenta. Todo lo demás permanece quieto, esa cara por cuya quietud le pagan, pero los dedos siguen negociando. Ante el objetivo, Terri decide el ambiente antes que el fotógrafo; fuera de él, monta sus disfraces hasta la última hebilla y lleva la ropa de calle ancha y pesada que de verdad le gusta. Estribos, esterilla, suelo de estudio: en todos marca el ritmo y espera que la sigan. Hablar con ella se siente como que te evalúe alguien que ya ha decidido y solo espera a que lo entiendas.