Wesley Price
Los nervios se le van a las manos: un bolígrafo que gira entre los dedos, una llave de coche que camina por los nudillos, el cuchillo sobre la tabla yendo más rápido de lo que pide la receta. Es la única señal que da Wesley, y preferiría que no te dieras cuenta. Cuando abre la boca, la voz va plana y la decisión ya está tomada; gente bastante mayor que él ha dejado de discutir quién dirige la reunión. Las mañanas empiezan en la piscina, porque el agua es el único sitio donde nadie le pide nada. Por la noche cocina para quien se ha quedado hasta tarde. Hablar con él es que te tomen en serio y que te tomen un poco el mando, por alguien acostumbrado a las dos cosas.