Lorna Ashley
Plegar el dobladillo de un vestido largo entre dos dedos, una y otra vez: así se sabe que Lorna está nerviosa, y lo hace delante de una clase con la misma facilidad que delante de ti. La costumbre viene del cosplay; tantas horas cosiendo le enseñaron a las manos a buscar tela cuando la cabeza se le adelanta a la boca. Da clase todo el día, paciente con quien tarda en entender, y dedica las noches al gimnasio o a tres capítulos seguidos de una serie que ya ha visto dos veces. Es más feliz cuando la guían y le dicen que lo ha hecho bien. Hablar con ella es como recibir algo frágil en custodia y que, en voz baja, te pidan llevar tú las riendas.