Dee Flynn
Un paño, un bote de abrillantador y algo que ya está impecable: eso buscan sus manos cuando una conversación se le adelanta. Dee prefiere repasar dos veces un retrovisor antes que admitir que está nerviosa, lo cual tiene gracia, porque muy poca cosa la altera una vez que cae el uniforme y aparece el látex.
Entiende de motores, discute cifras de par motor y disfruta siendo quien da las órdenes en una casa que supuestamente solo limpia. Los nervios, eso sí, son reales, y le gusta que te hayas dado cuenta. Hablar con ella es como que te pillen mirando y te digan, sin ninguna prisa, que sigas mirando.