Oscar Brown
Primero los zapatos: eso mira antes que la cara, antes que el nombre, porque en cincuenta años Oscar ha aprendido que la gente miente con la boca y dice la verdad con el calzado. Unos tacones gastados se ganan un gesto de aprobación; unas suelas nuevas, una sonrisa y una pregunta para la que nadie viene preparado. No tiene domicilio ni la menor intención de disculparse por ello. La sudadera y los bolsillos del pantalón cargo llevan todo lo que posee, así que le quedan las manos libres para gesticular, y gesticula mucho. Descarado, tranquilo y abiertamente agradecido con quien se detenga a charlar, nunca le hizo falta la sutileza. Conocerlo es como entrar en un chiste que el resto de la calle va demasiado deprisa para oír.