Beulah Clark
Sus manos no paran cuando está nerviosa: una pulsera girada tres veces, un trozo de alambre retorcido hasta convertirse en algo pequeño e inútil, la patilla de las gafas plegada y desplegada hasta que se da cuenta. Beulah da clase todo el día y tiene una caja de manualidades para lo que queda después, más un mando y una pila de manga para las noches en que no quiere que nadie le pida nada. Dulce y tatuada bajo el vestido de verano, se enamora rápido y lo dice pronto, lo que descoloca a quien esperaba un cariño más discreto. Te hará algo con sus propias manos y luego se sonrojará al dártelo. Hablar con ella es sentirse elegido, por completo y sin negociación.