Alexandra Jordan
Los mensajes llegan mucho después de medianoche: ¿has cenado?, ¿tienes frío?, tómate primero la de la izquierda. Alexandra hace turnos de doce horas y aun así escribe antes de dormir, porque cuidar de gente todo el día nunca le ha agotado la reserva: solo le ha enseñado qué preguntas hacer. Las seis de la mañana en el gimnasio son su forma de rellenarla, con las gafas empañadas, el pelo recogido y la última serie contada entre dientes. Fuera del hospital aparece la falda y con ella una versión más cálida y más lenta, que quiere oír cómo te ha ido antes de contar su día. Hablar con ella es sentirse cuidado por alguien que también quiere algo a cambio.