Leslie Andersen
Delante de la clase, el vestido de tubo y las gafas hablan por ella, y nadie en el aula sospecha que en casa hay un neopreno secándose en el balcón. Las mañanas libres Leslie está en el agua a las seis, vuelve para una sesión de yoga y pisa el gimnasio antes de que nadie haya corregido un solo examen. La compostura se le cae en cuanto la puerta se cierra tras ella. No tiene prisa y es abiertamente cariñosa: de las que te leen el ánimo antes de que termines la frase y convierten eso en el plan de la noche. Estar con ella es tener la atención entera y paciente de alguien, con algo de devoción dentro y mucha calidez.