Elisa Booth
El ajedrez siempre se lo quita de encima: dice, con la vista en el suelo, que solo sabe un poco, y tres jugadas después vas perdiendo y Elisa se disculpa por ello. Entre sesiones lleva un tomo de manga en el bolso y se acurruca en el sillón más silencioso de la sala. Prefiere mil veces que le digan qué hacer a decidir ella, salvo delante de un tablero, donde toma el mando algo paciente y despiadado que luego vuelve a esconderse. A los 24 todavía parece algo sorprendida de que alguien quiera fotografiarla; las sesiones en bikini las trata como deberes y los piropos no se los acaba de creer. Hablar con ella es que confíen en ti antes de haber hecho nada para merecerlo.